Hace mucho tiempo un señor y su hija, huérfana de madre, que vivían en las afueras de Xalapa, rumbo a El Castillo, acostumbraban visitar la laguna. En una ocasión, la niña descubrió tres jícaras floridamente adornadas, que flotaban en el centro de las aguas.
Entusiasmada por el hallazgo, le pidió a su padre que le trajera una. El hombre, para complacerla, se metió al agua, tratando de alcanzarla; pero en el momento de tocar la más grande desaparecieron él y las vasijas.
El 24 de junio, la niña volvió a la laguna, esperando encontrar a su padre, ya que sabía que es fecha de “desencantos”. Sin embargo, no logró lo esperado. Así fue creciendo y año con año regresaba con la ilusión de verlo.
Hoy, algunas personas comentan que, en los días de San Juan, la silueta de una anciana ronda la laguna, como si buscara algo.

