Hay quien cree que mucho tienen que explicar las autoridades de Naucalpan respecto al asesinato del empresario Iñigo Arenas el pasado domingo dentro del bar Black Royce. Iñigo fue objeto de un sinfín de abusos, desde venderle botellas a precios exorbitantes cuando se encontraba en estado inconveniente, hasta ponerle una sustancia en su bebida, lo que le causó la muerte. En redes sociales circulan denuncias en torno a que en este antro, con fachada de bar, pero que en realidad era un table, frecuentemente se cometían abusos en contra de la clientela. Por eso, nos dicen, habría que preguntarle a la autoridad municipal, a cargo de la panista Angélica Moya, por qué permitía el funcionamiento de un bar en esas condiciones. Habría que revisar cuándo hicieron la última verificación y si la hicieron, qué encontraron. ¿O acaso el gobierno municipal se lavará las manos? Uf. | Se lee en “Rozones” de La Razón.
Angélica Moya y el Black Royce

