Ameritó que el último despegue en territorio nacional del avión presidencial fuera ayer promocionado por el gobierno. No podría ser de otra manera, nos comentan, luego de lo complicado que resultó su manejo durante más de cuatro años, derivado de la decisión que el Presidente tomó de venderlo, desde que era candidato, porque “no lo tiene ni Obama”. Ayer cuando levantó el vuelo —primero rumbo a Estados Unidos, pues será en ese país donde le hagan algunos ajustes—, más de uno recordó, entre otras cosas, que ese aparato fue rifado sin ser rifado y tuvo montones de destinos aunque sólo en el papel. Ayer, el director de Banobras, Jorge Mendoza, precisó que el aparato fue vendido en mil 657 millones de pesos, y que “ha tenido una depreciación un poquito mayor que otros aviones de este tipo”. También, que la venta permitirá un ahorro de 336 millones de pesos en intereses en el pago de arrendamiento con Banobras. El caso es que el avión, —y el problema en que se había convertido— como dice la canción, “y se marchó”.   |  Se lee en “Rozones” de La Razón.