De ahora en adelante se podrá preguntar a un diputado, una vez que concluya su periodo legislativo, qué piensa estudiar cuando sea grande.
Esto gracias a que se autorizó que la edad mínima para ser diputado baje a 18 años, justo la edad en que los jóvenes están decidiendo qué carrera estudiar.
¿Necesita el Congreso diputados centennials? Tal vez sí, dicen los que saben, porque a esa edad uno está seguro de tener todas las respuestas y la solución a cualquier problema, con el paso del tiempo y algunos golpes las certezas, lo saben los mayores, desaparecen.
El talento no tiene edad, eso no se discute, y por eso habrá que darle el beneficio de la duda a los diputados bisoños, que su juventud no los condene antes de tiempo.
No queda claro si los diputados jóvenes hacen mejores aportaciones legislativas que los diputados octogenarios, pero serán interesantes las reuniones entre la comisión de debutantes y la comisión de decanos que pueden ser, sin exagerar, sus bisabuelos. | Se destaca en “Pepe Grillo” de La Crónica.

