Como ocurre con el resto de las drogas, el problema del fentanilo no compete a una sola nación. Para reducirlo a su mínima expresión, que no eliminarlo, se requiere la participación de dos o más gobiernos. Si no hay voluntad política compartida la solución se pospone de manera indefinida.
En el caso del fentanilo se podrá avanzar solo si el gobierno de China hace su parte para detener el tráfico de precursores, por momentos parece que alienta su distribución al continente americano.
Es cierto, como aseguran todos los días legisladores norteamericanos en campaña, que México podría hacer mucho más para detener el trasiego de fentanilo, pero el que realmente se queda corto es el gobierno norteamericano que no puede, ni siquiera, meter en cintura a su industria farmacéutica, ya no digamos detener a los traficantes que llevan la droga hasta las calles de Filadelfia o Los Ángeles. | Se destaca en “Pepe Grillo” de La Crónica.

