El deceso del exrector de la Universidad de Guadalajara cimbró por igual a la clase política y al mundo intelectual de nuestro país. Y es que sin el académico no se entiende la historia política contemporánea del estado de Jalisco. Considerado por sus críticos como “cacique”, Padilla influyó en la vida de la entidad durante las últimas tres décadas, a través del control de la máxima casa de estudios local, mediante el palomeo de candidatos a cargos de elección popular y con tentáculos en empresas y en medios. Pero en forma paralela, Padilla se convirtió en un gran promotor cultural, mediante la FIL de Guadalajara, de fama mundial, y otros escaparates. Ahora muchos se preguntan quién asumirá el control de toda la maquinaria que tenía a su alcance Padilla. Veremos.   |  Se lee en “Rozones” de La Razón.