Que hayan entrampado o no los republicanos al secretario de Estado de EU, Antony Blinken, lo cierto es que mientras el presidente Andrés Manuel López Obrador le pegaba con todo a esa dependencia de la Casa Blanca por el informe sobre tortura y matanzas en México, el canciller Marcelo Ebrard se apuró a comprar la versión de que su colega estadunidense fue presionado por los senadores para decir que varias zonas aquí están controladas por el narco y que los cárteles sí deben ser considerados terroristas. Bueno.   |  Se observa en “Trascendió” de Milenio.