Detrás de la cordialidad de los gestos diplomáticos hay una lucha soterrada entre agencias de Estados Unidos y el gobierno mexicano por el problema de la droga, en particular el fentanilo.
El desencuentro entre el gobierno de López Obrador y la DEA es el mejor ejemplo. Anne Milgram, directora de esa agencia, dijo en una comparecencia ante el Senado de su país lo que no dice ante los medios.
Milgram sostiene es que México no hace su trabajo. No detiene la fabricación ni el tráfico de esa droga mortífera, no destruye los laboratorios clandestinos ni extradita a los delincuentes involucrados.
Las declaraciones de la jefa de la DEA cayeron como balde agua fría en Lomas de Sotelo donde se lamentan que no se haya subrayado lo que Estados Unidos ha dejado de hacer en materia de contrabando de armas, lavado de dinero, venta de drogas en sus calles y prevención de las adicciones.
Los presidentes de ambos países pueden darse palmaditas en la espalda, pero lo cierto es que hay tensión y desconfianza. | Se destaca en “Pepe Grillo” de La Crónica.

