Armar civiles era una mala idea y lo sigue siendo. La existencia misma de los grupos de autodefensa es señal inequívoca de la fragilidad de las instituciones.
La semana pasado Hipólito Mora, líder de uno de los grupos de autodefensa en Michoacán, y quien se ha resistido a dejar las armas, aseguró que fue víctima de un atentado dentro de su propia finca, con un saldo de dos agresores muertos.
Esa fue su versión, pero el gobernador del estado, Ramírez Bedolla, tiene otra. Dijo que los supuestos agresores que supuestamente dispararon a Hipólito no tenían armas, por lo que ahora Mora y sus escoltas están en la mira de las autoridades.
La versión definitiva de los hechos apenas se construye, pero lo ocurrido confirma que las armas las carga el diablo y que hay demasiada gente armada en Michoacán. | Se destaca en “Pepe Grillo” de La Crónica.

