Parecerá nota vieja, pero la violencia sigue desbordada en ciertos municipios de Sonora, de cuya incidencia delictiva dimos cuenta aquí en un trabajo reciente. Apenas el sábado un joven fue ejecutado en Caborca, minutos después de que había contraído matrimonio religioso. El sicario tuvo la osadía de acercarse a la iglesia y asesinar ahí a su víctima sin importarle que lo observaran decenas de feligreses que salían del templo. Empalme, Guaymas y Caborca, siguen dando de qué hablar, y no precisamente cosas positivas. Estos y otros municipios siguen reflejando la incapacidad del gobierno estatal de ofrecer condiciones de seguridad y tranquilidad a los ciudadanos de Sonora. Durante su campaña, el gobernador y exsecretario de Seguridad, Alfonso Durazo, nunca dio a conocer su estrategia de seguridad. Ahora algunos piensan que en realidad no tenía alguna. Y parece que sigue sin tenerla. | Se lee en “Rozones” de La Razón.
Boda y balas en Sonora

