Al ser asesinada ayer por sicarios en Puebla, Blanca Esmeralda Gallardo se convirtió en víctima por segunda vez. Ya lo era desde que su hija de 22 años, Betzabé Alvarado Gallardo, desapareció. Blanca Esmeralda no se quedó con los brazos cruzados a esperar que las autoridades del estado encontraran a su hija y se puso a buscarla por su cuenta, lo que le costó la vida. Su mayor pecado fue dar a conocer recientemente que ya tenía pistas sobre el responsable de la ausencia de Betzabé. La indignación de colectivos en contra del gobernador Miguel Barbosa, nos comentan, está más que justificada, pues el morenista se ha dedicado a minimizar las desapariciones en lugar de promover investigaciones serias.   |  Se lee en “Rozones” de La Razón.