En estos días en los que está a debate la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad, hay quienes comienzan a advertir que el término “militarización” se emplee, centralmente en los espacios políticos, sólo como recurso para desacreditar. Sobre todo porque, en esa lógica, las conversaciones se centran en reprochar “quién militarizó más” o menos. No admitir que la participación creciente del Ejército en las tareas de seguridad no sólo no es nueva —lleva más de tres lustros— sino que se sigue ampliando por decisiones tomadas desde el ámbito civil, limita las posibilidades de que las tareas hoy ampliadas de la institución armada, puedan reajustarse o reencauzarse como resultado de un acuerdo amplio de todos los actores. Ahí el punto. | Se lee en “Rozones” de La Razón.
En un debate estéril

