Para resolver un problema, el primer paso es reconocer su existencia, dicen. Actuales funcionarios capitalinos sostienen que, en el anterior gobierno de la Ciudad de México, que por seis años encabezó Miguel Ángel Mancera, estaba prohibido pronunciar las palabras “cártel” o “crimen organizado” y que las autoridades hacían malabarismos para no hablar de un fenómeno que incendiaba el resto del país, y aseguraban que la capital del país era una burbuja alejada de lo que pasaba en el resto de México. Sin embargo, hoy se ha demostrado que cárteles de Sinaloa y Sonora construyeron estructuras con gran capacidad de tráfico y almacenamiento de droga y que comenzaron la pelea por el mercado interno de narcomenudeo. Hoy, nos hacen ver, el problema no solo se reconoció, sino que se ha combatido y la muestra del tamaño de la amenaza la dan las propias cifras de aseguramiento de droga y detenciones realizadas por la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la capital, encabezada por Omar García Harfuch, algunas de ellas con apoyo del Ejército Mexicano: Más de 3 mil 700 kilos de cocaína, incluyendo el aseguramiento de ayer de mil 600 kilos, y 49 los detenidos, entre ellos jefes de célula, operadores financieros y distribuidores de droga con alto nivel jerárquico dentro de su organización. Al parecer, la CDMX no era una burbuja y sí había desde entonces operación de cárteles y del crimen organizado, que ahora, nos dicen, no solo se acepta su presencia, sino que se les está combatiendo y conteniendo. | Se puede leer en “Bajo Reserva” de El Universal.
CDMX no era una burbuja impenetrable por el narco

