Resulta que el responsable de que un puente colgante se desplomara en Cuernavaca, en pleno día de la inauguración de la remodelación del llamado Paseo Turístico Ribereño, fue un tipo que dio dos brinquitos a la hora en que varios funcionarios cruzaban. Al menos ése fue el argumento que dio el presidente municipal, Julio Urióstegui, quien, por cierto, fue uno de los que azotó en la parte baja de la pequeña barranca. “Imprudencia de quien empezó a saltar, no resistió el peso y nos caímos cerca de 20 personas”, refirió. Sus dichos no gustaron mucho, pues se anticipan a obviar los resultados que arrojen los peritajes que se pudieran hacer, y la búsqueda de responsables, si los hubiera, en torno al cumplimiento de un contrato pagado del erario. | Se lee en “Rozones” de La Razón.
Que se cayó por dos brincos

